martes 17 de marzo de 2009

Cuando Dios habla, no deja dudas

Cuando Dios nos habla, no deja dudas que nadie pueda cambiar, ni lo que Dios ha dicho, ni el propósito de Dios, ni el método de Dios, ni la persona. Dios habló con Moisés. Era tan claro, que los sucesos duros que iban a acontecer, iban a darle paz a Moisés, de que realmente Dios lo había elegido para librar a Su Pueblo.
¿Qué habrá pasado, cuando Dios le habló? Quizás Moisés lo comentó con sus allegados o su familia, quizás ellos cuestionaron la elección de Dios. ¿Pensarían ellos por qué a Moisés?, él es tartamudo, nunca ejerció el liderazgo, es joven todavía, hay otros con mejores capacidades. Moisés, quién te va a apoyar?, no te metas, que lo hagan otros, vas a tener problemas, éste es un pueblo muy rebelde y cuando quieras corregirlos, vas a quedar mal con mucha gente.
Moisés no tienes los recursos, y cuántas cosas más le habrán dicho a Moisés. Pero La Voz fue clara…“Yo te he puesto”…y si Él te colocó, nadie podrá sacarte sin pagar las consecuencias, no le da una descripción de trabajo, el único requisito es obediencia. Y luego la voz de Dios continúa… “Yo te he puesto…para mostrar en ti, Mi Poder”.
¿Escuchaste bien Moisés?… “Yo lo voy a mostrar”…tú no tienes que mostrar nada, yo lo voy a hacer. Cuántas veces aún en la vida cristiana, vivimos del mostrar, de la imagen, de la apariencia, olvidándonos que el que debe mostrar es Él, pues Él dice: “Voy a mostrar en ti Mi Poder”. Es Su Poder el que va a actuar, no el nuestro.
Él lo va a hacer a su manera, tal vez inexplicable para nosotros, pero Él lo va a hacer. No pretendamos explicar lo que no entendemos. Sólo Él puede hacerlo, pues el propósito es que “Su nombre sea anunciado en toda la tierra”. ¡Qué privilegio, Él nos eligió y nos ha puesto para mostrar en nosotros Su Poder, para que Su Nombre sea anunciado en toda la tierra!.

jueves 5 de marzo de 2009

“Unánimes entre vosotros, no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión”. Romanos 1:16

Cada hombre naturalmente desea conocimiento; ¿ o qué bueno hay si no se teme a Dios?. Un hombre campesino humilde que sirve a Dios y lo ama será mejor que el intelectual orgulloso que descuida su alma y se goza en sus propios conocimientos. Quién se vanagloria de si mismo no es realmente feliz, porque el orgullo jamás ha hecho feliz a alguien. Si yo conozco todas las cosas del mundo y no amo a Dios entonces mi vida será vacía.
En el mundo hay muchos doctos e intelectuales pero con un corazón supremamente vacío, porque no se han asociado con los humildes y no se han humillado ante el Señor. Ellos serán intelectuales, pero no sabios.
Las muchas palabras no satisfacen el alma, pero una vida buena mitiga la mente y una conciencia limpia inspira la grande confianza en Dios. Mientras usted más sabe, y más comprende y profundamente puede juzgar será una vida vacía a menos que su vida también sea santa. No te sientas orgulloso porque has aprendido más, más bien siente temor del talento que se te ha dado.
Si usted piensa que sabe muchas cosas y que las comprende muy bien , entérese de inmediato que realmente aún no sabe. Es necesario en la vida admitir la ignorancia. Cuando reflexiono en estas palabras entonces medito y digo, Hoy no tendré una opinión más alta que la debo tener y quiero aprender a ser humilde.
El mejor freno que puede tener mi vida para no enorgullecerme es entender que siempre en la vida hay alguien mejor que yo. Todos los hombres son débiles, pero hoy debo admitir que ninguno es más débil que yo y por lo tanto, hoy necesito del poder de la fuerza del Señor y esto me humilla ante su presencia. Entonces descubro que lo necesito a él con todo mi corazón y por ello la vida tiene otro sentido. Hoy quiero entender en mi espíritu que sin él realmente nada soy, a pesar de lo que sé.

 

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